Peregrino de la vida, caminas y caminas y no conoces el final.
Se divisa el horizonte, pero una vez allí hay que volver a comenzar.
Es el camino sinuoso; se lastiman tus pies. Son infinitas las piedras, más si no eres capaz de verlas como hermanas no es bueno que las tengas de enemigas.
Debes comprender que de las rocas de la vida hay algo bueno que debes saber apreciar.
Camina y no dejes de andar; la ruta nunca acabará; quizá sea el día de la muerte el día del final; pero existe un más allá.
Más si sangran tus pies y no puedes más; levanta tu mirada al cielo y la respuesta encontrarás.
Descálzate si es inmenso tu dolor, pero no abandones tu camino; ya estarás mejor.
Nazarena